Apuntes sobre el manejo de la escena
Por Alberto Salcedo Ramos.
LAS
ESCENAS: INTRODUCCIÓN, DEFINICIÓN, GENERALIDADES, IMPORTANCIA
En
los últimos años ha habido en América Latina una reactivación de los géneros
narrativos del periodismo. Pareciera existir la conciencia de que el público
necesita historias bien contadas, redondas, humanas, completas en su
información y perdurables por su propuesta estética. Gran parte del éxito de
los escritores de reportajes, perfiles y crónicas de hoy, depende de saber
captar la esencia de los sucesos y personajes a través de las escenas. Un poeta
reconocido no se comporta de la misma manera cuando está en un recital que
cuando departe con sus familiares. Reconocer esos matices y acciones que se
derivan de la relación con el entorno, resulta de vital importancia para contar
mejor los hechos. ¿Qué cara puso la mujer del enfermo terminal mientras este
nos contaba su drama? ¿De qué manera el frenazo del carro en la avenida, el
sonido de la vajilla en la cocina o la conversación de los adolescentes en el
cuarto nos enriquece el relato sobre nuestro personaje? Somos, qué duda cabe,
producto del espacio que ocupamos y de la relación con las criaturas que nos
rodean, así como ese espacio y esos seres están también condicionados por
nuestro carácter. ¿Qué habría sido de la famosa crónica de Gonzalo Arango sobre
el ciclista “Cochise” Rodríguez si el autor no nos hubiera descrito los adornos
de su apartamento (“el corazón de Jesús más feo del mundo”) y sus modales (“se sacó
una tirita de carne que se le había enredado entre los dientes”)? ¿En qué
habría quedado el célebre relato de Germán Santamaría con Omayra, la niña
atascada en el lodo de Armero, si no nos hubiera descrito bien el espacio en el
cual estaba aprisionado su cuerpo y la relación de la víctima con las personas
que la acompañaban? El periodista Gay Talese se dio el lujo de escribir un
memorable y extenso perfil de Frank Sinatra sin hablar con él ni una sola vez.
¿Cómo lo logró? Conversando con muchas otras fuentes, claro, pero también
viendo actuar al personaje, mostrando sus acciones, recreando sus atmósferas.
Saber construir escenas no sólo es fundamental para mantener el ritmo y el
encanto del relato. El ya citado Talese considera que las escenas “dan credibilidad”.
Como lector, me resulta más creíble ver al personaje de la historia organizando
las pastillas dentro del botiquín que recibir simplemente la información de que
es un tipo hipocondríaco.
La
dramaturgia es una forma de la literatura y del cine – aplicable también a los
géneros narrativos del periodismo – que enfoca las acciones de los personajes
en un tiempo y un espacio determinados.
La
dramaturgia se consolida con base en verbos conjugados, es decir, acciones.
La
expresión mínima de la dramaturgia es la escena. La escena es una estructura
narrativa compuesta por una unidad de tiempo, acción y lugar.
Narrar
a través de escenas es una manera de hacer visibles a los personajes. De
acercarlos a los lectores.
•
Toda escena contiene un tiempo (lo que dura)
•
Toda escena contiene una acción (lo que pasa)
•
Toda escena contiene un espacio (el lugar en el que ocurre)
•
Toda escena tiene un ritmo propio, que es lento o rápido.
•
Si miramos la escena desde el punto de vista cinematográfico, tenemos que
hablar de una “composición”: son los elementos que componen la escena, los que
aparecen en el encuadre. Esa composición no sólo debe ser estética sino también
funcional: no es el entorno como adorno sino como parte de la vida, de las
cosas que ocurren. Si hay un jarrón no es sólo porque se ve bonito sino porque
está relacionado con lo que yo hago como personaje.
•
Aunque la escena es importante para “visualizar” a los personajes, para
humanizarlos y acercárselos al lector, no debe ser un recurso del cual se abuse.
No hay que usar escenas por el mero prurito de usarlas: hay que tener en cuenta
el sentido general de la historia. Una escena necesita contexto para alcanzar
significado. Las escenas deben ser parte de una armazón estructural que también
contenga diálogos, imágenes, buen lenguaje. Todo eso, al yuxtaponerse, genera
emociones, interés, risas.
•
Hay que tener mucho cuidado con el manejo de los detalles que forman parte de
la escena. Si en una película ambientada en los años 30 se utiliza un automóvil
de los años 70, no faltará el espectador que descubra el error y se desencante.
Lo mismo pasa con las historias escritas.
Todas
las narraciones aspiran a ser una representación de la vida, nos recuerda Juan
José Hoyos. Y para lograr esa representación, nada mejor que la acción. El
concepto de “escenificación” procede de la literatura inglesa. Consiste en
presentar los hechos ante el lector como si él los estuviera viendo con sus
propios ojos. Dicho concepto está apoyado en la escena de las tragedias, donde
los personajes, por medio de sus palabras y sus gestos, representan en el
escenario una acción. Cuando simplemente se narra, se oye la voz del narrador.
Cuando además se escenifica, se oye la voz del personaje y también se los ve
actuando en un lugar determinado. La escena da a los hechos descritos un
carácter único, representativo, decisivo. La escena está sometida al principio
de unidad de tiempo, lugar y acción. El autor necesita describir el marco
físico y recrear la acción en el tiempo. Hay un ritmo interior que debe estar a
tono con la historia, pero teniendo en cuenta que el éxito de los buenos
relatos es que tengan acciones que avancen. El recurso de las escenas es
atinado cuando se ha sido testigo de las situaciones, cuando las acciones han
ocurrido frente a nuestros ojos. Cuando no hemos sido testigos directos, puede
resultar más conveniente apelar a los testimonios de los personajes. García
Márquez, en “Noticia de un secuestro”, recurre más a las versiones de los
sobrevivientes que al relato de escenas contadas por un narrador omnisciente
(que es lo característico de su literatura). La historia “La cenicienta, de
Gerardo Reyes, también tiene predominio de los testimonios sobre las escenas.
¿Por qué? Porque el periodista, que es muy bueno, nunca fue testigo directo de
los hechos que narra. El camino del flujo narrativo nos garantiza economía de
palabras y mayor velocidad. Por eso es tan usado en los diarios. Pero hay que
buscar la manera de intercalar escenas, porque dan credibilidad y atraen al
lector con mayor fuerza.
EJEMPLOS
DE ESCENAS
•
Jimmy Breslin las usaba hasta en las columnas de opinión, como nos lo recuerda
Tom Wolfe en su libro “El nuevo periodismo”. La cita textual es la siguiente:
“recuerdo particularmente un artículo suyo sobre la condena, por el delito de
extorsión, de un jefazo del Sindicato de Camioneros llamado Anthony Provenzano.
Al principio del artículo, Breslin presenta la imagen del sol que entra a
través de las viejas y polvorientas ventanas del tribunal federal y que hace
resplandecer el diamante en el anillo del meñique de Provenzano. (...) EL
artículo continúa por el estilo con los cortesanos de Jersey rodeando y
adulando a Provenzano, mientras el sol hace resplandecer el anillo de su
meñique. Dentro de la sala del tribunal, sin embargo, Provenzano empieza a
recibir su merecido. (...) Luego el juez le condena a siete años, y Provenzano
empieza a retorcerse el anillo en el dedo meñique. Finalmente Breslin remata su
trabajo con una escena en la cafetería, donde el joven fiscal que trabajó el
caso está comiendo escalopa y ensalada de frutas. Y con el siguiente párrafo
textual: “No llevaba nada que brillase en la mano. EL tipo que ha hundido a
Tony Provenzano no tiene un anillo de diamantes en el dedo meñique”.
•
Los trabajadores de Pablo Escobar tratando de hacer dormir a una bandada de
pájaros en los árboles, por órdenes del capo. Esa escena da la medida de su
sentido del poder: se cree tan grande que hasta quiere torcer el curso de la
naturaleza.
•
Samuel Burkart, el mítico personaje de García Márquez, aparece en escenas tanto
al comienzo como al final del célebre reportaje Caracas sin agua”. Al principio
haciendo la fila para comprar agua mineral y afeitándose con jugo de duraznos.
Y al final, dormido y despertándose con el ruido de la lluvia en el techo.
LAS
HISTORIAS, LAS ACCIONES
Los
géneros narrativos – bien sean del cine, de la literatura, del teatro o del
periodismo – deben contar una historia. El escritor E.M. Forster dice que “una
historia es la narración de hechos”. Robert Louis Stevenson, por su parte, dice
que “contar historias es escribir sobre gente en acción”. Y añade: “es lo que
le ha ocurrido a alguien en un momento concreto, con un antes y un después. Las
historias son acciones humanas en el espacio y en el tiempo”.
Ojo:
en una historia debe haber una trama. De nada sirve amontonar una secuencia de
frases bellas si no hay acciones que hagan avanzar el argumento. Pulitzer les
decía a los reporteros: “a mí denme los verbos, que yo veré si les pongo
adjetivos”.
Lo
que hace que ocurran los hechos son los verbos, es decir, las acciones. Por
tanto, el sentido de la escena debe estar relacionado con ese criterio: no es
la escena como decorado, como adorno, sino como elemento vivo que determina el
curso de los acontecimientos.
“Las
historias son lo que le pasa (argumento) a alguien (personaje/s) en un momento
y en un espacio concretos (tiempo y espacio)”.
Scout
Fitzgerald decía: “la acción es el personaje”.
Hay
que saber describir bien las acciones. Se puede distinguir quién viene, si es
alguien que nos resulta familiar, por las pisadas. El modo de andar de una
persona revela prisa, inseguridad, cansancio, desgano o ilusión.
Hay
que dotar de personalidad a las acciones: todo el mundo come, habla, camina,
pero no del mismo modo.
Aunque
un personaje piense y el pensamiento sea una acción, en términos dramatúrgicos
se considera que “no hay historia sin acción exterior”.
Siempre
es necesario que el autor seleccione los hechos que va a contar. No es
necesario contar paso por paso todo lo que ocurre. El escritor debe saber
manejar las elipsis(los saltos en el tiempo y en la acción). Ojo al ejemplo de
la maleta de Nicholson y Hunt. Hay que saber elegir lo que se cuenta y lo que
se deja por fuera, de acuerdo con la dinámica del tema. Ojo a la frase de
Hitchcock: “El cine es la vida misma sin los momentos aburridos”. Siempre, al
final, es conveniente preguntarse qué se le puede quitar a la historia. Y
cuando algo se pueda quitar sin que se afecten ni el conjunto ni el sentido
general de la historia, sencillamente es porque se trata de algo que sobra. Eso
hay que tenerlo claro.
Lo
importante de las acciones es que ayuden a revelar al personaje y hagan avanzar
las historias.
Este
concepto, del cual se empezó a hablar durante el llamado “Nuevo Periodismo
Norteamericano”, se refiere a la necesidad de sumergirse en las historias, de
hundirse en el trabajo de campo tanto tiempo como sea necesario para aprehender
la realidad en forma cabal. Para contar con escenas es clave la inmersión, pues
es lo que permite estar frente al objeto de nuestra investigación el tiempo
indispensable para que las acciones ocurran frente a nuestros ojos. O, por lo
menos, aunque no seamos testigos de todo, es necesario sumergirse en la
realidad para descubrir ciertas escenas reveladoras. Tom Wolfe sostiene que la
recolección del material para contar las historias con escenas, es “mucho más
ambiciosa”. Se trata de un trabajo de investigación más intenso, más detallado
y que, ciertamente, consume más tiempo. Por eso los llamados “nuevos
periodistas” fomentaron la costumbre de pasarse días enteros con los personajes
sobre los cuales estaban escribiendo. “Es primordial”, anota Wolfe, “estar allí
cuando ocurren escenas dramáticas, para captar el diálogo, los gestos, las
expresiones faciales, los detalles del ambiente. La idea consiste en ofrecer
una descripción objetiva completa, más algo que antes los lectores tenían que
buscar sólo en las novelas o los relatos breves: esto es, la vida subjetiva o
emocional de los personajes”. “Sólo a través del trabajo de preparación más
minucioso es posible utilizar escenas completas, diálogo prolongado...” Wolfe
dice que “como reportero hay que procurar permanecer con la persona sobre la
que se va a escribir el tiempo suficiente para que las escenas tengan lugar
frente a nuestros propios ojos”.
LAS
IMÁGENES
La
de hoy es la cultura de la imagen. Por eso es más importante aun el buen uso de
las escenas.
Teresa
Imízcoz, destacada teórica literaria, señala que los buenos narradores son
aquellos que con sus relatos “hacen que el lector VEA las historias”. Ella ha
acuñado un concepto: “la visualidad de la literatura”.
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