La nueva Jerusalén
Por
Rubén Darío
La
primera nieve del año caía sobre París, y yo iba, al amor de su blancura, a lo
largo del bulevar du Port-Royal, camino del templo neocristiano de Swedenborg,
situado en la rue Thouin. Había visto en el New York Herald que el servicio era
público y que se efectuaba el primero y tercer domingo de cada mes. Luego, la
casualidad en la forma del pintor de Groux me había puesto, en contacto con un
singular personaje; artista e iluminado, que pretende nada menos, y sus razones
ha de tener, revolucionar la música en el mundo. He nombrado a M. G. Núñez,
sobre el cual y su obra rara he de volver en ocasión próxima. M. Núñez,
iniciado desde hace largo tiempo en las doctrinas swedenborguianas, que guían
hacia lo que se llama la Nueva Jerusalén, hombre culto y ferviente de fe, se
ofreció a ser mi compañero en mis místicas investigaciones.
Cuando
llegamos a la iglesita no había en ella ninguna alma. El aspecto del lugar me
pareció el de una capilla protestante cualquiera. Sobre un fondo azulado se
destaca la cátedra. El recinto, apenas si dará cabida a más de doscientas
personas. Hay una galería alta, a graderías. En ella está el armonium para
cantar los himnos. A los lados de la cátedra, dos ramas de pino, ignoro el por
qué en dos macetas.
Poco
a poco fueron llegando los fieles. Tipos de viejas viudas, jóvenes pálidas, un
anciano de aspecto militar, y algunos gentlemen de apariencias mundanas, quizá
curiosos, o periodistas como yo. Por fin, después de largo esperar, apareció el
pastor, un hombre de cierta edad, manera de empleado de gobierno o de profesor
de lenguas, o antiguo tenedor de libros; pero con ojos de visionario y rostro
moldeado de fe. Nos levantamos para rezar la oración del comienzo, el
Padrenuestro, con una frase agregada. Después de: Peregrinaciones Rubén Darío
"Mas libranos, Señor, de todo mal", hay que decir: "Porque tuyos
son el reino, el poder y la gloria".
El
pastor abre una Biblia y comienza a comentar el Génesis.
Es
una exégesis absolutamente voluntaria, como cierta doctrina etimológica. Las
palabras adquieren los sentidos más caprichosos, y es una sorpresa el ver salir
de donde menos pensáis una porción de cosas que os producen irresistible
estupefacción. Este es, por otra parte, el sistema del maestro sueco cuya
iniciación en los divinos misterios empezó con estas palabras, un tanto
confianzudas, que le dirigiera un ángel: ¡No comas tanto!
Concluido
el comento de la Biblia, el pastor hace una seña, y el armónium ataca un himno
cristiano que los asistentes corean con más o menos afinación. Yo dirijo la
vista alrededor. ¡Somos muy pocos! Y, prudentemente, expongo a mi acompañante
mis temores de un escaso éxito neohierosolimitano. Pero él, bravo varón de fe,
me contesta en español que pudo ser oído de toda la asistencia.
-"¡No
importa! Con menos gente empezó su iglesia Nuestro Señor Jesucristo!" El
pastor vuelve a hablar y expone, en un largo discurso, doctrinas, propósitos y
esperanzas. Dice cosas curiosas y originales, entre ellas la exposición de lo
siguiente; "La primera iglesia de Cristo ha concluido. Empieza la nueva.
Aquí no triunfaremos. Europa está, cerrada y gastada para nosotros. (¡Ya lo
decía yo!) Y ¿sabéis por qué el cristianismo católico o protestante no ha podido
ser propagado en Asia y en África? Porque Dios ha dispuesto que esos numerosos
millones de hombres sean catequizados por la Nueva Jerusalén. El mundo negro y
el mundo amarillo, la China, el Japón, la India, el África toda, son para
nosotros".
Después
otro himno, otra oración, y, con los brazos extendidos, el pastor nos bendice.
¿Quién sabe cuándo y dónde el espíritu sopla? Yo recibo la bendición con toda
seriedad y fervor. Y, mientras las gentes se van, me dirijo a abordar al
sacerdotal funcionario. M. Núñez me presenta como un adepto. Quiero, con
timidez, explicar que no soy propiamente eso; pero ya el pastor me ha colmado
de estimulantes palabras, y, el saber que soy de Buenos Aires, creo ver en sus
ojos esta admonición: "Ve, y enseña a todas las gentes".
Buenos
Aires, qué conquista para la nueva iglesia! Al saber que soy periodista, me
conduce al piso alto de la casa vecina, unida a la iglesia, en donde vive Mme.
Humann, la sacerdotisa swadenborguiana, la cual ha de darme todos los detalles
que necesite. Mme. Humann, fuerte norteamericana, todavía agradable y bastante
simpática, me da, complaciente unas cuantas noticias, en su francés marcado de
vigoroso acento anglosajón. Me habla de los progresos de su religión, y de la
guerra que hacen a la Nueva Jerusalén los católicos y sobre todo los jesuitas.
Pero
esta religión vencerá por fin. Es la verdad y la viuda Swendeborg, teólogo para
yanquis, ha expuesto el ideal supremo. La señora expone la
"plataforma" espiritual admirablemente, y habla de la vida eterna como
de una compañía de seguros. Por otra parte, ella es sincera, y ha gastado
muchos miles de dólares en la empresa mística, limited, como todas las
religiones de los Estados Unidos. Me muestra la biblioteca, en donde compro
unos libros, y parto de nuevo, bajo la nieve.
Al
día siguiente, recibí del amable pastor la carta siguiente: "Señor: -Ayer
me habéis pedido que os diese una ligera idea sobre el estado actual de la
Nueva Jerusalén, o Verderada Religión Cristiana en Francia.
Respondo
a vuestro deseo y os envío estas líneas bien incompletas en verdad, para tratar
un asunto tan vasto, pero que considero como una simiente que esparciréis en un
medio nuevo para nosotros, con la esperanza de verla fructificar, y mostrar a
vuestros lectores que todo no es sino ruina y obscuridad sobre nuestra tierra.
Leemos
en Mateo XXIV 3: "Dinos cuando eso será, y cuál será el signo de tu
Advenimiento y de la consumación del siglo?"
Véase
también en Marcos XIII. -Lucas XXI 7 y también en los Actos de los Apóstoles.
En
esa frase del Señor estaba significado su segundo Advenimiento al fin de la
primera Iglesia Cristiana, fin que hoy es llegado.
La
Nueva Iglesia es la Iglesia del Segundo Advenimiento de Nuestro Señor, y tal
como existe hoy en Francia y en París en particular, no es aun sino como un
niño recién llegado a la primera edad.
Su
centro principal está situado como sabéis, 12 rue Thouin en donde posee un
templo y una biblioteca. El templo fue construido en 1883, por M. y Madame
Humann que dedicaron a ello una parte de su fortuna, y cuya vida ha sido
enteramente consagrada a perfeccionar baja los auspicios de Dios una obra tan
loable.
M.
Humann está en el otro Mundo desde hace cuatro años poco más o menos y Mme. la
viuda Humann continúa el trabajo de su marido con el desinterés más absoluto.
El culto se hace por un pastor, a las tres, el primero y tercer domingo de cada
mes según los principios más puros de la Nueva Jerusalén y todas las enseñanzas
deseables se dan a cualquier persona que llega en busca de la verdad.
Nuestros
principios están fundados sobre el amor de Dios y el amor del prójimo; la
libertad más grande es nuestra base, pues nada puede crecer ni desarrollarse
sin la libertad. Nuestro número va en aumento cada año, y no hay que fijarse en
la presencia de los fieles en el templo para hacer una apreciación cualquiera
sobre nosotros, pues muchos otros miembros que los que asisten, conocen
nuestras doctrinas, sin necesidad de estar presentes entre nosotros.
No
somos ni una secta del protestantismo, ni una rama cualquiera del catolicismo:
somos una viña nueva plantada por el Señor para regenerar el mundo y conducirle
a su Dios.
Para
todo espíritu exento de prevenciones en contra de nosotros, es de toda
evidencia que tiempos nuevos son llegados y que solamente una religión nueva
debe esclarecer el mundo.
Estamos
actualmente como en la misma época del nacimiento de Jesucristo Nuestro Señor.
Una estrella brilla en el cielo, estrella más brillante que la primera, y que
en su marcha debe arrastrar a la humanidad entera con ella.
He
aquí, señor, en pocas palabras, los detalles que yo puedo daros para LA NACIÓN,
dejándoos el cuidado de tratarlos con sinceridad, sin parti pris, contra
nosotros.
Soy,
señor, vuestro afectísimo. -F. Hussenet, pastor de la Nueva Jerusalén".
No,
señor pastor, no tengo ninguna prevención contra vosotros. ¡Al contrario! Me
sois altamente simpáticos, con vuestras creencias, en medio de un mundo sin fe,
con vuestro altruismo, o mejor con vuestra caridad, en medio de un mundo sin
amor.
Y
el profeta anunciador no puede ser más
grato a los ojos de quien admire la potencia de la voluntad y la gracia de la
fantasía. Solamente a esta religión le miro la cara un poco hugonota y el
espíritu un poco mahometano, así sea nada más la concepción demasiado naturalista
del paraíso, en donde, exceptuando la poligamia, podremos, los que merezcamos,
gustar todos los deleites de las Mil y una noches.
Swedenborg,
una especie de Flammarión con genio, de Julio Verne místico, de Wells teólogo e
iluminado, atrae las imaginaciones, aminorando quizás un tanto el vuelo
celeste, los detalles de una existencia demasiado práctica para los espíritus
puros, sujetos a la alimentación, por ejemplo, como en la tierra, y al
matrimonio sin divorcio.
Bien
es verdad que todo pasa en el mejor de los mundos y en un ambiente y bajo una
ley absolutamente angélicas. Swedenborg conversaba con los ángeles, conoció en
vida, el cielo, que, como el infierno, tiene la forma humana; visitó Júpiter,
Marte y Mercurio, cuyos maravillosos países describió, así como M. Sardou ha
dibujado después sus arquitecturas, guiado por los espíritus. Se comprende que
un hombre como Kant no le haya dedicado más de una dura sonrisa.
Leída
la obra de Swedenborg se admira el prodigioso talento e ingenio de este varón,
cuya sinceridad es innegable y fue sostenida hasta las últimas palabras de su
muerte.
El
pastor antecesor de M. Hussenet, que se llamaba M. Decembre, decía a Jules Bois
en una visita que este escritor le hizo: "Swedenborg es un hecho
excepcional, y, por mi parte, estoy lejos de admitir toda su doctrina de
visionario. No veo, según mis luces, sino los sueños o las pesadillas de un
genio; no admito así, con el profeta, que "los africanos piensan de una
manera más espiritual que los otros pueblos y que los ángeles tienen un
sexo".
La
libre interpretación de la Biblia tiene sus inconvenientes que ya previenen los
santos padres, y una fe que se basa en absoluto en la razón, es decir, un
contrasentido, no creo yo que tenga esperanzas de triunfo, ni entre los chinos,
ni entre los negros.
El
swedenborguismo, o la Nueva Jerusalén, rama de las mil que le han salido al
cristianismo, sobre todo en el fecundo terreno de los Estados Unidos, fue
introducido en Francia por el año de 1837.
M.
Le Boys de Guays inició un culto público en Saint-Amand en 1837, y un cura
católico, el abate Ledru, predicó primeramente las flamantes doctrinas en
Chartres. En París comenzó el culto en casa de M. Broussais, y luego M, Humann,
abogado, construyó el templo con el apoyo de su mujer.
Hay
aquí mismo otro centro de reunión, disidente, en donde se hacen evocaciones, y
cosas un tanto diabólicas según los verdaderos fieles. El número de iglesias en
EE. UU., e Inglaterra es crecido según se dice.
En
Italia, en no sé qué ciudad, hay un pequeño centro, y en la América del Sur,
creo que solamente en el Brasil existe la propaganda bajo la dirección del Sr.
Lafayatte.
Vagamente
sospecho que se me ha querido convertir en el Jonás de la República Argentina.
Pongo, con modestia, mi dimisión, y dejo el puesto para otro que lo quiera
tomar.
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